Revista de Investigación Científica y Tecnológica Alpha Centauri
Introducción
La cultura organizacional no deja de suscitar un interés,
también en las ciencias administrativas, por la importancia
que adquiere en la medida en que se articula el modo en el
que las relaciones sociales y laborales se vinculan en todo
tipo de organización. La cultura organizacional puede
considerarse como una red que, conteniendo valores,
creencias, normas, y prácticas orienta la conducta de los
miembros de la organización y produce, como
consecuencia, una identidad grupal; y su impacto va más
allá de un ámbito puramente simbólico, adquiriendo un
carácter de recurso y estrategia, pues su impacto se dejar
sentir sobre el rendimiento, la productividad y la retención
incluso de los trabajadores potenciales. En el caso del
ámbito bancario, en el que el carácter de necesidad y de la
confianza de los clientes, y la transparencia en la actividad
es indisoluble del tipo de actividad que se realiza, la cultura
organizacional, como no podría ser de otro modo, es la que
puede en términos de preservar la legitimidad y la
reputación de toda la organización (Alarcón, 2006).
El compromiso laboral se halla en el centro de lo que
constituye la estrategia de gestión del talento humano. Se
lo entiende como el grado de identificación que las
personas presentan entre la identidad propia de la
organización y su propio yo personal, generando una
fidelidad que eleva sus acciones hacia conductas que
resultarían en algo proactivo y favorable con respecto a los
objetivos de la firma. Esta preparación se manifiesta en el
compromiso más elevado con las tareas del día a día y por
voluntad manifiesta de querer ayudar a cumplir las metas
estratégicas previamente definidas. La literatura empírica
ha indicado que un compromiso superior se asocia
positivamente con tasas de desvinculación que son bajas,
con la mejora sostenida de la productividad y con la
construcción de una cultura de trabajo que favorece a la
comunidad. Por lo tanto, el estudio de los factores que
promueven y hacen posible un compromiso robusto tiene
un sentido relevante en el sector financiero, donde la
competencia y el trabajo operativo alcanzan niveles tales
que demandan una identificación continua y profunda de
los recursos humanos (Buchanan, 1974).
Entre los miembros de la generación millennial, la forma
en que se expresa el compromiso laboral exhibe
características particulares. Dado que esta cohorte
constituye una porción significativa de la mano de obra
contemporánea, sus integrantes reclaman innovación,
flexibilidad y posibilidades de crecimiento tanto en el
ámbito personal como en el profesional. A diferencia de los
grupos anteriores, los millennials no subordinan sus
intereses al deseo de estabilidad económica; más bien,
procuran una congruencia genuina entre los principios de
la organización y sus aspiraciones de desarrollo,
reconocimiento y equilibrio entre los ámbitos laboral y
personal. Tal postura plantea desafíos inéditos para las
empresas que buscan retener este recurso humano en un
entorno caracterizado por una volatilidad creciente
(Chawla et al., 2017).
El sistema bancario de Lima Metropolitana presenta un
entorno reducido y controlado que permite el examen
riguroso de cómo la cultura organizacional influye en el
compromiso de los colaboradores millennials. La industria
se sitúa en un período de transformación constante,
impulsado por la digitalización de los servicios, la
diversificación de los canales de atención y un marco
regulatorio que se tornará progresivamente más estricto.
Tales condiciones han forzado a las entidades a reconstruir
en plazos breves las prácticas laborales ya reformular las
expectativas sobre el personal, que hoy debe manejar
tecnologías complejas, responder a clientes más
informados y operar en un marco de competencia que exige
decisiones rápidas y certeras (Chiavenato, 2011).
En este contexto, la cultura organizacional no se limita a
ser un reservorio de significados, sino que se erige en un
mecanismo de integración que articula las conductas
individuales con la misión y los objetivos de cada entidad.
La cohesión y la claridad de los valores culturales se
convierten, por lo tanto, en requisitos indispensables para
que el colectivo millennial que evalúa su compromiso en
función de la sensación de pertenencia y de la alineación
con metas de innovación y sostenibilidad mantenga la
motivación. Un desajuste entre la cultura organizacional y
las expectativas de esta generación genera desilusión, que
se materializa en elevada rotación de personal, afectado de
manera directa la estabilidad y la eficiencia de la institución
en el competitivo sector financiero (Denison, 1990).
La pandemia de COVID-19 y el posterior aumento de
modelos híbridos de trabajo han incrementado de manera
sustancial el interés por culturas organizativas que sean
simultáneamente robustas y ágiles. En el sector bancario,
la emergencia impulsó la integración acelerada de
infraestructuras digitales, forzó la reconceptualización de
la atención al cliente y exigió un replanteo de los circuitos
de comunicación interna. Pese a que los millennials
aportaron, en este contexto, una competencia digital
madura, sus nuevas expectativas se tornaron claras y se
encauzaron en tres dimensiones: un horario más elástico,
una mayor autonomía en la toma de decisiones y un
liderazgo que dispensa un elevado grado de confianza
(Denison & Mishra, 1995).
La literatura sobre cultura organizacional ha identificado
un espectro de dimensiones que moldean la subjetividad de
los trabajadores: la identidad corporativa, los estilos de
liderazgo, los circuitos de comunicación interna y el clima