Revista de Investigación Científica y Tecnológica
Alpha Centauri
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Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud: ¿Convergencia o
divergencia? Un debate
Friedrich Nietzsche and Sigmund Freud: Convergence or divergence? A debate
Fredy Choque Apaza
f.choque@iesppazangaro.edu.pe
Instituto de Educación Superior Pedagógico Público
Azángaro, Perú
Benigno Edquén Díaz
ediazb@ucvvirtual.edu.pe
Universidad César Vallejo, Perú
Rosalinda Alejos-Sevillano
ralejos@ucvvirtual.edu.pe
Universidad César Vallejo, Perú
Carmen Retamozo-Ravello
ravellitoc2020@gmail.com
Angela Oncebay-Hinostroza
aoncebayhinostroza@gmail.com
Elser Yover Bustamante Vásquez
yoverbustamantevasquez@ugelmoyobamba.edu.pe
Ministerio de educación, Perú
Resumen
Existe un punto de convergencia entre la propuesta de Freud con la de Nietzsche sobre:
Ello con el instinto y la voluntad de poder, Superyó con la moralidad de los esclavos
y el Yo con el Superhombre. Por tanto, este estudio explora aspectos de convergencia
y divergencia entre dos autores, el primero, desde la perspectiva psicoanalítica y el
otro desde la mirada filosófica, llegando a un consenso que los impulsos del ser
humano están estrechamente arraigados en lo fisiológico, y precisamente exige que
haya una lucha por la afirmación de la vida.
Palabras claves: Instintos, pasiones, voluntad de poder, Yo, Ello y el Superyó.
Abstract
There is a point of convergence between Freud's proposal with that of Nietzsche on:
Ego with instinct and will to power, Superego with slave morality and Ego with the
Supra Homo. Therefore, this study explores aspects of convergence and divergence
between two authors, the first, from psychoanalytic perspective and the other from the
philosophical look, reaching a consensus that the impulses of the human being are
closely rooted in the physiological, and precisely demands that there is a struggle for
the affirmation of life.
Keywords: Instincts, Will to Power, Ego, Its and Superego.
Publicado: 30/06/2025
Aceptado: 29/06/2025
Recibido: 06/06/2025
Open Access
Article scientific
https://doi.org/10.47422/ac.v6i2.198
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Introducción
El estudio pretende hacer un breve análisis del punto de
convergencia entre la propuesta de Freud con la de
Nietzsche sobre: Ello con el instinto y la voluntad de poder,
Superyó con la moralidad de los esclavos (Genealogía de
la moral) y el Yo con el Superhombre. Ciertamente, para
algunos autores como Onfray, (2011) la negación de las
lecturas por parte de Freud fue radical, aunque hay indicios
que en la vida académica Freud si leyó a Nietzsche, pues se
sigue discrepando al respecto. Sin embargo, muchos
autores contemporáneos, partiendo desde la mirada de
Fromm (2024), argumentan que ambos autores tienen
muchas coincidencias y que Freud se nutre de Nietzsche,
pero que sin duda va por otra orientación epistemológica.
Sin embargo, se denota que, en muchos conceptos del
psicoanálisis, la filosofía nietzscheana pinta la escena de la
estructura del Yo, Superyó y el Ello. En efecto, se
consideró importante hacer una aproximación a los puntos
convergentes, más que divergentes de estos dos grandes
autores de la sospecha y de la modernidad.
La obra del joven Nietzsche (1872) El nacimiento de la
tragedia es una de las pocas en tratar el tema de la tragedia
griega, la misma que se asienta en medio del
desbordamiento de la vida, el sufrimiento y el placer, en un
éxtasis sublime. En este sentido, Nietzsche articuló de
manera peculiar la relación entre la vida y el arte, por un
lado, el arte se comprende como la vocación más
importante y la “actividad principalmente metafísica de la
voluntad” (Nietzsche, 2020, p.50). Pero esa actividad se
desglosa desde la concepción de dos principios; lo
apolíneo, donde la armonía del artista encuentra la
serenidad comprendida desde la perfección plástica de la
forma; y lo dionisiaco, lugar donde habita el desenfreno
sexual, la orgía de Baco que permite a cada uno de los
individuos sentirse no solo integrado, reconciliado con la
embriaguez. Las dos antípodas de la vida humana, que se
relacionan entre sí. De ese modo, lo expuesto por
Nietzsche, sirve para entender que la tragedia helénica
antigua es la máxima expresión del arte (Zengotita, 2021).
Por tanto, lo dionisiaco no contempla la verdad, el hombre
no solo no percibe nada más allá que lo horrible y absurdo
de la existencia; sino que también peligra su inminente
voluntad de dominio racional.
Ahora bien, si se trata de emanciparse del mal consiste en
la liberación del yugo y establecer así una unidad y con ello
librarse del sufrimiento permitiendo mantener “la calma y
seguridad”, de este modo, la redención que otorga el arte a
la existencia implica evitar el conflicto y todo el riesgo que
conlleva aquello, que no disuelve el sufrimiento, más lo
redime (Puckett, 2016; Senatore, 2018; Zengotita, 2019,
2021). Por el contrario, el plano de la existencia es un
conflicto en tanto sufriente y pleno de divisiones: “Por un
momento, para una justa comprensión, los dos instintos son
dos mundos estéticos distintos de los sueños y la
embriaguez, debido a esto entre los fenómenos fisiológicos
se nota un contraste análogo al uno del otro, al estilo
apolíneo y al estilo dionisíaco (Nietzsche, 2020;
Zengotita, 2020).
Analizando el punto de convergencia para comprender
mejor el Yo (Ego) entre Nietzsche y Freud fue necesario
recurrir a tres de sus obras del filósofo: Así habló
Zaratustra, Más allá del Bien y del Mal, La Genealogía de
la moral, Voluntad de poder y por parte del psicólogo solo
la obra El Yo y el Ello. En este sentido, las similitudes en
cierto modo, parte desde el Ello según Freud.
Método
Se trata de un estudio cualitativo cuyo diseño
hermenéutico-interpretativo. El arte de la hermenéutica
permite describir los hechos más transcendentes de la
realidad objetiva. Frente a ello, el estudio es reflexivo,
sustentado por (Flick, 2015) y se caracteriza en plasmar lo
que se percibe de la realidad social. Se hace un análisis
exhaustivo de un tema concreto, reflexivo y analítico de
cada una de las categorías. Por tanto, se ha empleado varias
categorías, siendo las principales: Yo, superyó, ello,
irracionalidad, racionalidad, pasiones, impulsos, ser
humano. Por lo general, una investigación cualitativa
comprende un todo, exige que el investigador sea
imparcial, emplee asimismo un análisis exploratorio,
indague la naturaleza y proceda a su discurso científico.
Resultados
El Ello y el Instinto
En relación con el Ello, Freud, (1923) refiere que es la
representación de la parte instintiva y primitiva de la psique
humana, es decir es el estado de los deseos del
inconsciente. De las pulsiones de la libido (deseo sexual) y
de la agresividad. Por lo general, su modus operandi está
en los placeres, y lo que busca es, precisamente, la
satisfacción inmediata de las necesidades fundamentales de
la vida, que no toma en cuenta las consecuencias de estas.
Sin embargo, para Nietzsche (2000, 2003), si bien es cierto,
no refiere a la concepción del instinto Freudiano, sino que
parte de la estructura de la voluntad de poder que es algo
más semejante. En este aspecto, dejando de lado, la
concepción de lo Dionisiaco, los impulsos del ser humano
están estrechamente arraigados en lo fisiológico, y
precisamente exige que haya una lucha por la afirmación
de la vida. En ese aspecto, la voluntad de poder se convierte
en una fuerza básica que da impulso a los humanos en la
autoafirmación (autoconciencia), el crecimiento y
superación personal.
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La similitud entre ambos autores surge a raíz del conflicto
interno y el sufrimiento, como parte de la condición natural
del hombre, como algo inevitable. En la propuesta de
Nietzsche implica aceptar la tragedia y el sufrimiento como
parte inherente de la vida. Mientras que para Freud (1923)
el Ello: es la parte oscura, inaccesible de la personalidad…
y lo mejor tiene carácter negativo, solo se puede describir
oposición respecto del yo. Nos aproximado al ello con
comparaciones, lo llamamos un caos, una caldera llena de
excitaciones borboteantes. Por tanto, el ello es una parte
central de la psique que, aunque reprimida por el yo y el
superyó, sigue ejerciendo una influencia poderosa en la
vida del individuo.
En consecuencia, el Ello es el instinto, el principio del
placer, representa en sí, las pulsiones de la vida (Eros) y al
mismo tiempo, de muerte (Thanatos). Por tanto, el hombre
busca la satisfacer sus necesidades sin tomar en cuenta
ninguna norma o moralidad. Sin embargo, esa
irracionalidad que parte de los placeres, convergen en lo
Dionisiaco, aquella fuerza esencial del hombre para
comprender su misma pasión de vida, una fuerza que se
vincula con la irracionalidad y el desborde existencial.
Nietzsche lo justifica como aquella experiencia vital (Elan)
que unifica el mundo y la vida como una forma primaria.
De manera que, el principio Dionisiaco revela voluntad de
vida en lo más puro, desde el instinto, donde los límites
individuales se diluyen, generando una experiencia de
éxtasis (Leiter, 2005; Puckett, 2016; Waugaman, 1973). En
efecto, tanto ambos términos convergen como la forma del
instinto y la irracionalidad del hombre, mientras que para
Freud (1923) el Ello llevado al extremo genera caos y
peligro, para Nietzsche (2000, 2003), los instintos sirven
como una rica fuente de vitalidad y creatividad. En otras
palabras, el principium Dionisiaco produce la
individuación, y ésta no es más que la primera causa del
mal, pero entendida como la emancipación de la
irracionalidad, del mal físico y de lo ético (Coyne, 2020;
Cybulska, 2015; Ijsseling, 1976; Laurindo & Frezzatti
Junior, 2020).
El Superyó o Superhombre
En relación con el Superyó para Freud, (1923) representa
la interiorización de los deberes, los preceptos, la
normatividad moral, lo reprimido que exige entre otras
cosas las prohibiciones socioculturales, en otras palabras,
se convierte en la voz de la conciencia (una especie de juez
interior, impositor de sanciones y restricciones al yo). De
ese modo, el cultivo o formación del ser humano repercute
mucho por acciones de los otros (lo parental y lo cultural).
Aunque, no hay una similitud exacta, sobre el superyó, lo
más aproximado en Nietzsche, es lo apolíneo. Sin embargo,
Nietzsche, (2005) cuestiona a la moral judeocristiana,
viéndolo como aquella moral de los esclavos; al ser esta
represora de los impulsos generados naturalmente, pero al
mismo tiempo fomentadora de culpa y sumisión: La
rebeldía de los esclavos en la moralidad inicia cuando el
resentimiento se convierte en creador y engendradora de
valores; por tanto, ese resentimiento está vedada de una
reacción auténtica, que se desquita solo con una venganza
imaginaria. Esta moral corresponde a un intento de los
débiles para controlar a los más fuertes mediante los
valores de la humildad y el sacrificio.
Tanto el Superyó y la moral de los esclavos tienen un
común denominador, la funcionalidad represiva en los
individuos. Para Nietzsche, el esclavo se rige bajos los
parámetros de la religión, reprimes sus deseos como una
fuerza reactiva que pone parámetros a su libertad y
voluntad, creyendo en que lo que hace se convierte en
pecado, generándose así la culpa y la mediocridad, la
misma que debe ser superado por el Superhombre (el
hombre noble, poderoso, dominador). Sin embargo, para
Freud, el Superyó, no es solo un residuo de las elecciones
primarias, sino también un producto del Ello además
comprende el resultado de dos grandes factores: lo
biológico y la naturaleza histórica: de la larga indefensión
y dependencia infantil del ser humano y del complejo de
Edipo.
Las similitudes de acuerdo con Dimitrov & Jablenski,
(1968) en la centralidad del Yo, se dan en varios aspectos,
tal es el caso de la dualidad en la naturaleza humana, ya sea
para Freud como para Nietzsche se reconoce una tensión
esencial en el hombre por ser fuerzas opuestas. No
obstante, para el psicoanalista el Yo (ego) se encuentra
atrapado entre las pulsiones o fuerzas del ello (aquellos
instintos primarios que se comprenden bajo el manto de los
deseos del inconsciente) y el Superyó no es más que las
normas morales y sociales que se han interiorizado. Por el
lado del filósofo las fuerzas se dan de algún modo en la
presión nietzscheana de los dionisiaco (irracionalidad:
instintos, caos) y los apolíneo (que representa al orden y la
racionalidad).
El Yo Nietzscheano y el Yo Freudiano
Por último, se encuentra el Yo, ahora, en relación con el Yo
freudiano se comprende como el mediador entre el Ello,
Superyó y la realidad (entorno inmediato). Siempre opera
bajo el principio de la realidad, buscando el equilibrio entre
las restricciones externas y los deseos interiores del
individuo: Metafóricamente el Yo (jinete) controla la
fuerza de un caballo (Ello), una especie que refrena la
cabalgadura, superior a la suya, con la distinción que el
jinete (Yo) lleva a cabo, obligándolo muchas veces a
transformar en acción la voluntad del Ello, como si fuera la
suya propia (Freud, 1923). En este sentido, en el
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psicoanálisis freudiano, la concepción del Yo tiene cierta
similitud con la filosofía nietzscheana. Aunque el
irracionalismo de Nietzsche hace del instinto no solo el
fundamento del comportamiento humano también conduce
al “desgarramientode la conciencia en contraposición de
la verdadera acción psíquica del inconsciente; lo que hace
que ambas percepciones sean semejantes, pero tienen sus
propias aristas o concepciones en muchos aspectos
(Dimitrov & Jablenski, 1968).
Al respecto, Nietzsche (2003) si bien es cierto, no refiere al
Yo psíquico freudiano como consciencia, o voluntad de
poder, o normatividad, sino como un ideal que se
manifiesta en el Superhombre (Ubermensch) como el
noble, aquel individuo que transciende a los deseos y
restricciones de la moralidad judeocristiana, creando para
sí sus propios valores. Desde luego, el Superhombre busca
el equilibrio entre los instintos y la racionalidad. De esa
manera, trasciende a los conflictos sean internos o externos,
autoafirmarse y generar nuevos valores.
Entretanto, el conflicto ocasionado tanto por las pulsiones
como por los sufrimientos son parte de la naturaleza
humana, ambas cosas nacen del sufrimiento como algo
inevitable. Para Nietzsche, el hombre vive en constante
angustia, pero al mismo tiempo el sufrimiento es parte de
la vida misma. Caso contrario, Freud argumenta que entre
el Ello, el Yo y el Superyó se genera un conflicto, una
fuente de angustia inevitable, lo que refleja una visión del
ser humano que también incorpora la lucha interna como
una característica central de la existencia (Forti, 2021;
Zengotita, 2019, 2020).
Tabla 1
Cuadro de convergencias y divergencias de Freud y Nietzsche
Ello
(Freud)
Superyó
(Freud)
Superhombre
(Nietzsche)
Yo
(Freud)
Yo
(Nietzsche)
Convergencia
Surge del conflicto interno y
el sufrimiento. Instinto y
principio del placer humano,
solo busca el placer, es
irracional.
Tiene como función la represión de
los individuos. Reprime los deseos
como una fuerza reactiva que pone
parámetros a su libertad y voluntad
El Yo se encuentra atrapado entre
las pulsiones o fuerzas del Ello. Las
fuerzas se dan de manera irracional
(desde los instintos y el caos), y la
racionalidad (representada por lo
apolíneo que es el orden)
Divergencia
Instinto de la
psique
humana.
Deseo del
inconsciente
Interiorización
de los deberes,
preceptos y
normativas
morales. Es el
juez interior,
impositor de
sanciones y
restricciones
Cuestiona la
moral.
Represora de
los impulsos
generados
naturalmente,
Fomentadora de
culpa y
sumisión
Yo
(consciencia)
que gobierna
los ideales del
superyó, el
Ello, la
moralidad y
los valores.
Opera entre el
Superyó y la
realidad
(entorno)
Yo (consciencia,
autoafirmación).
Representa el
equilibrio entre
las pasiones y la
racionalidad.
Genera nuevos
valores
Nota. Elaboración propia.
Discusión
La relevancia de estos autores se consolida en la
materialidad de la comprensión de tres elementos
importantes: El Ello, El superyó/superhombre y el Yo
(Ello). En cuanto a la relación entre el Ello y el Instinto y
la voluntad de poder, para Freud es la representación de la
parte instintiva y primitiva de la psique humana, es decir es
el estado de los deseos del inconsciente. De las pulsiones
de la libido (deseo sexual) y de la agresividad. Para
Nietzsche se trata de una parte estructural de la voluntad de
poder, pues los instintos son aquellos impulsos del hombre
que están arraigados a lo biológico, pero que exige una
lucha por la afirmación de la vida, una autoafirmación,
crecimiento y superación personal espiritual. En
consecuencia, el Ello es el instinto, el principio del placer,
representa en sí, las pulsiones de la vida (Eros) y al mismo
tiempo, de muerte (Thanatos).
Por tanto, el hombre busca la satisfacer sus necesidades sin
tomar en cuenta ninguna norma o moralidad. Sin embargo,
esa irracionalidad que parte de los placeres, convergen en
lo Dionisiaco, aquella fuerza esencial del hombre para
comprender su misma pasión de vida, una fuerza que se
vincula con la irracionalidad y el desborde existencial. En
este sentido, Zengotita (2021) discute el hecho que hay
convergencia entre Freud y Nietzsche, sin embargo, Onfray
(2011) difiere que entre ambos autores los criterios de
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convergencia son cada vez más distantes; tal parece que
Freud en algún momento de su existencia no ha leído a
Nietzsche y por tanto se deduce que son más coincidencias
que las diferencias entre los dos autores.
En relación con el Superyó y la moralidad de los esclavos,
para Freud representa la interiorización de los deberes, los
preceptos, la normatividad moral, lo reprimido que exige
entre otras cosas las prohibiciones socioculturales, en otras
palabras, se convierte en la voz de la conciencia (una
especie de juez interior, impositor de sanciones y
restricciones al yo). De ese modo, el cultivo o formación
del ser humano repercute mucho por acciones de los otros
(lo parental y lo cultural). Nietzsche, (2005) cuestiona a la
moral judeocristiana, viéndolo como aquella moral de los
esclavos; al ser esta represora de los impulsos generados
naturalmente, pero al mismo tiempo fomentadora de culpa
y sumisión: La rebeldía de los esclavos en la moralidad
inicia cuando el resentimiento se convierte en creador y
engendradora de valores; por tanto, ese resentimiento está
vedada de una reacción auténtica, que se desquita solo con
una venganza imaginaria. Esta moral corresponde a un
intento de los débiles para controlar a los más fuertes
mediante los valores de la humildad y el sacrificio. En este
aspecto, Fromm (2024) argumentó que Freud se nutre
mucho de Nietzsche, y en consecuencia, la propuesta que
hace Freud no es tan novedosa como parece, De este modo,
la redención que otorga el arte a la existencia comprende
evitar el conflicto entre los instintos y las pasiones.
Por último, la relación entre el Yo y el Superhombre, para
Freud, el Yo es el mediador entre el Ello, Superyó y la
realidad (entorno inmediato). Siempre opera bajo el
principio de la realidad, buscando el equilibrio entre las
restricciones externas y los deseos interiores del individuo:
Metafóricamente el Yo (jinete) controla la fuerza de un
caballo (Ello), una especie que refrena la cabalgadura,
superior a la suya, con la distinción que el jinete (Yo) lleva
a cabo, obligándolo muchas veces a transformar en acción
la voluntad del Ello, como si fuera la suya propia. Aunque
Nietzsche no refiere al Yo psíquico freudiano como
consciencia, o voluntad de poder, o normatividad, lo
considera como un ideal que se manifiesta en el
Superhombre (Ubermensch) como el noble, aquel
individuo que transciende a los deseos y restricciones de la
moralidad judeocristiana, creando para sus propios
valores. Desde luego, el Superhombre busca el equilibrio
entre los instintos y la racionalidad. De esa manera,
trasciende a los conflictos sean internos o externos,
autoafirmarse y generar nuevos valores. Al respecto,
Puckett (2016) Forti (2021) y Senatore (2018) afirmaron
que las coincidencias de las obras del psicólogo consideran
el fundamento epistemológico en el pensamiento de
Nietzsche.
Conclusiones
Las convergencias principales fueron para el Ello, Surge
del conflicto interno y el sufrimiento. Instinto y principio
del placer humano, solo busca el placer, es irracional. En
cuanto al Superyó/ Superhombre tienen como función la
represión de los individuos. Reprime los deseos como una
fuerza reactiva que pone parámetros a su libertad y
voluntad. Por último, el Yo (Ego) se encuentra atrapado
entre las pulsiones o fuerzas del Ello. Las fuerzas se dan de
manera irracional (desde los instintos y el caos), y la
racionalidad (representada por lo apolíneo que es el orden).
En relación con las divergencias, para el Ello, se evidenció
para Freud como el Instinto de la psique humana, el deseo
del inconsciente, mientras que para Nietzsche es el impulso
del ser humano arraigado a lo fisiológico, la voluntad de
Poder que comprende lo Dionisiaco. En cuanto al superyó
freudiano comprende la interiorización de los deberes,
preceptos y normativas morales. Es el juez interior,
impositor de sanciones y restricciones, mientras que para el
Superhombre nietzscheano cuestiona la moral es la
represora de los impulsos generados naturalmente,
fomentadora de culpa y sumisión. Por último, para el Yo
(Ego) freudiano es la (consciencia) que gobierna los ideales
del superyó, el Ello, la moralidad y los valores. Opera entre
el Superyó y la realidad (entorno), mientras que para
Nietzsche el Yo (Ego) es también la consciencia y
autoafirmación, representa el equilibrio entre las pasiones
y la racionalidad, generadora de nuevos valores.
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