Revista de Investigación Científica y Tecnológica Alpha Centauri
La similitud entre ambos autores surge a raíz del conflicto
interno y el sufrimiento, como parte de la condición natural
del hombre, como algo inevitable. En la propuesta de
Nietzsche implica aceptar la tragedia y el sufrimiento como
parte inherente de la vida. Mientras que para Freud (1923)
el Ello: es la parte oscura, inaccesible de la personalidad…
y lo mejor tiene carácter negativo, solo se puede describir
oposición respecto del yo. Nos aproximado al ello con
comparaciones, lo llamamos un caos, una caldera llena de
excitaciones borboteantes. Por tanto, el ello es una parte
central de la psique que, aunque reprimida por el yo y el
superyó, sigue ejerciendo una influencia poderosa en la
vida del individuo.
En consecuencia, el Ello es el instinto, el principio del
placer, representa en sí, las pulsiones de la vida (Eros) y al
mismo tiempo, de muerte (Thanatos). Por tanto, el hombre
busca la satisfacer sus necesidades sin tomar en cuenta
ninguna norma o moralidad. Sin embargo, esa
irracionalidad que parte de los placeres, convergen en lo
Dionisiaco, aquella fuerza esencial del hombre para
comprender su misma pasión de vida, una fuerza que se
vincula con la irracionalidad y el desborde existencial.
Nietzsche lo justifica como aquella experiencia vital (Elan)
que unifica el mundo y la vida como una forma primaria.
De manera que, el principio Dionisiaco revela voluntad de
vida en lo más puro, desde el instinto, donde los límites
individuales se diluyen, generando una experiencia de
éxtasis (Leiter, 2005; Puckett, 2016; Waugaman, 1973). En
efecto, tanto ambos términos convergen como la forma del
instinto y la irracionalidad del hombre, mientras que para
Freud (1923) el Ello llevado al extremo genera caos y
peligro, para Nietzsche (2000, 2003), los instintos sirven
como una rica fuente de vitalidad y creatividad. En otras
palabras, el principium Dionisiaco produce la
individuación, y ésta no es más que la primera causa del
mal, pero entendida como la emancipación de la
irracionalidad, del mal físico y de lo ético (Coyne, 2020;
Cybulska, 2015; Ijsseling, 1976; Laurindo & Frezzatti
Junior, 2020).
El Superyó o Superhombre
En relación con el Superyó para Freud, (1923) representa
la interiorización de los deberes, los preceptos, la
normatividad moral, lo reprimido que exige entre otras
cosas las prohibiciones socioculturales, en otras palabras,
se convierte en la voz de la conciencia (una especie de juez
interior, impositor de sanciones y restricciones al yo). De
ese modo, el cultivo o formación del ser humano repercute
mucho por acciones de los otros (lo parental y lo cultural).
Aunque, no hay una similitud exacta, sobre el superyó, lo
más aproximado en Nietzsche, es lo apolíneo. Sin embargo,
Nietzsche, (2005) cuestiona a la moral judeocristiana,
viéndolo como aquella moral de los esclavos; al ser esta
represora de los impulsos generados naturalmente, pero al
mismo tiempo fomentadora de culpa y sumisión: La
rebeldía de los esclavos en la moralidad inicia cuando el
resentimiento se convierte en creador y engendradora de
valores; por tanto, ese resentimiento está vedada de una
reacción auténtica, que se desquita solo con una venganza
imaginaria. Esta moral corresponde a un intento de los
débiles para controlar a los más fuertes mediante los
valores de la humildad y el sacrificio.
Tanto el Superyó y la moral de los esclavos tienen un
común denominador, la funcionalidad represiva en los
individuos. Para Nietzsche, el esclavo se rige bajos los
parámetros de la religión, reprimes sus deseos como una
fuerza reactiva que pone parámetros a su libertad y
voluntad, creyendo en sí que lo que hace se convierte en
pecado, generándose así la culpa y la mediocridad, la
misma que debe ser superado por el Superhombre (el
hombre noble, poderoso, dominador). Sin embargo, para
Freud, el Superyó, no es solo un residuo de las elecciones
primarias, sino también un producto del Ello además
comprende el resultado de dos grandes factores: lo
biológico y la naturaleza histórica: de la larga indefensión
y dependencia infantil del ser humano y del complejo de
Edipo.
Las similitudes de acuerdo con Dimitrov & Jablenski,
(1968) en la centralidad del Yo, se dan en varios aspectos,
tal es el caso de la dualidad en la naturaleza humana, ya sea
para Freud como para Nietzsche se reconoce una tensión
esencial en el hombre por ser fuerzas opuestas. No
obstante, para el psicoanalista el Yo (ego) se encuentra
atrapado entre las pulsiones o fuerzas del ello (aquellos
instintos primarios que se comprenden bajo el manto de los
deseos del inconsciente) y el Superyó no es más que las
normas morales y sociales que se han interiorizado. Por el
lado del filósofo las fuerzas se dan de algún modo en la
presión nietzscheana de los dionisiaco (irracionalidad:
instintos, caos) y los apolíneo (que representa al orden y la
racionalidad).
El Yo Nietzscheano y el Yo Freudiano
Por último, se encuentra el Yo, ahora, en relación con el Yo
freudiano se comprende como el mediador entre el Ello,
Superyó y la realidad (entorno inmediato). Siempre opera
bajo el principio de la realidad, buscando el equilibrio entre
las restricciones externas y los deseos interiores del
individuo: Metafóricamente el Yo (jinete) controla la
fuerza de un caballo (Ello), una especie que refrena la
cabalgadura, superior a la suya, con la distinción que el
jinete (Yo) lleva a cabo, obligándolo muchas veces a
transformar en acción la voluntad del Ello, como si fuera la
suya propia (Freud, 1923). En este sentido, en el